No a las “caras de cera”

“Vistabel” es el nombre comercial con el que se conoce al Botox (toxina botulínica) para su uso estético. Hace más de 25 años que esta toxina se usa para fines terapéuticos, pero solo unos 15, aproximadamente, de su uso en el ámbito de la cirugía plástica.

 

Durante un tiempo y debido a su efecto positivo inmediato, se generalizó el uso del botox inyectado en labios y pómulos de forma antinatural eliminando expresiones características del paciente. Es por eso, que a la hora de adoptar un tratamiento de este tipo, el paciente debe consultar a un experto en cirugía estética que lo asesore respecto a las sesiones y cantidades adecuadas para no perder la naturalidad ni personalidad del rostro.

TRATAMIENTO Y USO. El tratamiento consiste en una inyección con una aguja muy fina, de dosis muy bajas y en pequeñas gotas. Se inyecta de forma superficial en la zona a tratar. Este complejo neurotóxico funciona relajando la musculatura, de modo que es ideal para el tratamiento estético de las arrugas de expresión, ya que se relajan los músculos que producen las arrugas de la cara, eliminándolas y aportando al rostro un aspecto natural. Se utiliza para hacer desaparecer las patas de gallo, también las arrugas del entrecejo o la frente y es posible utilizarlo en cuello y escote.

 

VENTAJAS. No necesita anestesia ni requiere pruebas alérgicas. La aplicación dura unos 20 minutos y se puede realizar en cualquier época del año. Es un tratamiento muy poco doloroso que además permite la reincorporación inmediata a la vida normal. Se pueden beneficiar de esta toxina tanto pacientes jóvenes como personas de edad más avanzada. Los resultados son visibles entre 3 y 5 días después de la operación y definitivos a los 15 días.

 

INCONVENIENTES. Puede producir cefaleas y problemas derivados de una mala aplicación, aunque no son comunes. Causan la mayoría de las veces pequeños hematomas que desaparecen al cabo de algunos días o que pueden taparse con maquillaje. Y casi siempre se requiere sesiones posteriores para pequeños retoques, de las cuales dos deben transcurrir cada 6 meses, la tercera a los 8 meses y luego una sesión anual como mantenimiento.

 

RESULTADOS. Con una buena aplicación de la toxina botulínica y sus posteriores retoques, el paciente que la recibe consigue rejuvenecer su rostro y un aspecto mucho más natural y juvenil que va mejorando de forma progresiva. Llevada a cabo por un cirujano estético, la inmensa mayoría de casos son realmente satisfactorios dentro de las necesidades de cada paciente.

 

 

 

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