Otoplastia

La “otoplastia” es la cirugía de las orejas y se utiliza para corregir sobre todo la posición de las mismas.

La edad comprendida para esta intervención es de 4 a 90 años. El motivo de operar desde tan temprano es que las orejas ya han terminado de crecer a los cuatro años, por norma general. Las orejas prominentes, o las “de soplillo” ya se tienen de niño entonces, con lo que, cuanto antes se realice la cirugía, antes evitamos posibles problemas psicológicos del escolar. Por supuesto, esta operación también puede llevarse a cabo en adultos, sin que exista mayor riesgo en esta edad.

Con la otoplastia se pueden colocar las orejas más pegadas a la cabeza o bien reducir su tamaño, si fuera necesario.

También se pueden corregir los lóbulos, tanto los que están alargados como los rasgados. Y en casos donde se ha perdido la oreja por un traumatismo o cuando se nace sin ella (microtia), el cirujano es capaz de crear una nueva.

 

ANTES DE LA CIRUGÍA. Un buen cirujano aconsejará a los padres observar el comportamiento de su hijo en relación a sus orejas. Si el niño no está realmente disgustado con sus orejas no se debe insistir en practicarle la cirugía. La mejor opción es llevar una otoplastia a cabo cuando el paciente realmente presenta un descontento y quiere operarse. De esta forma cooperará más durante la intervención y además quedará más contento con el resultado.

La Seguridad Social solo cubre una otoplastia en caso de trastorno psicológico asociado importante, o cuando la deformidad es muy acusada, siempre y cuando tenga lugar en edad escolar.

También hay que tener claro que lo que se pretende conseguir es una mejoría y no un resultado simétrico perfecto que ni siquiera quedaría natural. Los mejores cirujanos saben aconsejar al paciente y discutir las opciones y expectativas, por lo que los resultados suelen ser siempre satisfactorios.

 

INTERVENCIÓN. Dependiendo del tipo de anestesia, este procedimiento se llevará a cabo en régimen ambulante o se permanecerá ingresado la noche de la cirugía. Pero se debe realizar siempre en quirófano y en una clínica u hospital.

Se suele usar anestesia general si el niño es pequeño, pero para niños mayores y adultos se utilizará anestesia local.

La duración de una otoplastia comprende de 2 a 3 horas, que pueden alargarse si se trata de un caso complejo. La técnica depende de cada problema concreto pero, por norma general, se practica realizando una incisión en la parte posterior de la oreja. Así, el cirujano ve el “cartílago auricular”. Una vez descubierto este, se esculpe y se dobla hacia atrás. En según qué casos, puede ser necesario extirpar una parte para obtener un resultado más natural. En esta parte del proceso, es posible que el cirujano decida usar puntos internos para mantener esta nueva forma.

Remodelado el cartílago, se extirpa un trozo de piel de la parte posterior de la oreja, que es donde queda la cicatriz. Al estar justo detrás, la cicatriz queda totalmente disimulada.

 

DESPUÉS DE LA CIRUGÍA. En la mayoría de los casos, el paciente se encuentra perfectamente a las pocas horas de la cirugía. Pero cuando se ha usado anestesia general, es recomendable pasar la noche en el hospital hasta que los efectos de esta desaparezcan por completo.

Puede que el paciente experimente cierto dolor en las orejas los primeros días, pero con la correcta medicación se controla sin problemas. El vendaje que el cirujano coloca alrededor de la cabeza tras la cirugía se puede cambiar a los pocos días por uno mucho más ligero.

El paciente tiene que seguir las instrucciones del cirujano y evitar durante el primer mes cualquier actividad en la que se pudieran doblar las orejas.

La reincorporación al trabajo para adultos es de unos cinco días, y la vuelta al cole para los niños de unos siete, pero asegurándose de que tengan mucho cuidado con las actividades físicas.

 

RIESGOS. Si esta intervención la realiza un cirujano plástico cualificado es muy poco frecuente que se complique. Pero, al igual que en cualquier operación, hay riesgos propios de una cirugía, como hematomas, ocasionales infecciones de cartílago que se solventan con antibióticos, y muy rara vez es necesario un drenaje quirúrgico.

 

RESULTADOS. En la inmensa mayoría de los casos el resultado es positivo y el paciente queda contento. Además la cicatriz es muy disimulada y apenas se ve, detrás de la oreja. Muy rara vez es necesario algún retoque.

 

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